Editorial

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Nuestra necesidad de consuelo es insaciable

Stig Dagerman

Sdagerman se suicidó en la ciudad de Enebyberg en 1954, tras cinco años de silencio literario sólo roto por esta pequeña obra maestra que aquí publicamos, una suerte de testamento vital que esperamos sirva de puerta de entrada al resto de su obra.

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[...] Estoy desprovisto de fe y no puedo, pues, ser dichoso, ya que un hombre dichoso nunca llegará a temer que su vida sea un errar sin sentido hacia una muerte cierta. No me ha sido dado en herencia ni un dios ni un punto firme en la tierra desde el cual poder llamar la atención de Dios; ni he heredado tampoco el furor disimulado del escéptico, ni las astucias del racionalista, ni el ardiente candor del ateo. Por eso no me atrevo a tirar la piedra ni a quien cree en cosas que yo dudo, ni a quien idolatra la duda como si ésta no estuviera rodeada de tinieblas. Esta piedra me alcanzaría a mí mismo ya que de una cosa estoy convencido: la necesidad de consuelo que tiene el ser humano es insaciable. [...]

Stig Dagerman fue el niño prodigio de las letras escandinavas. Nacido en Älvkarleby (cerca de Estocolmo) en 1923, frecuentó los ambientes anarquistas suecos y se convirtió en un habitual de sus publicaciones. Entre los años 1945 a 1949, de los 21 a los 26 años, escribió toda su obra: cuatro novelas, cuatro obras de teatro, un volumen de novelas cortas, cuentos, ensayos y poemas. Se suicidó en la ciudad de Enebyberg en 1954, tras cinco años de silencio literario sólo roto —dos años antes de su muerte— por esta pequeña obra maestra que aquí publicamos, una suerte de testamento vital que esperamos sirva de puerta de entrada al resto de su obra.

Pepitas de Calabaza / Logroño, 2007 / 60 págs.; rústica; 17x12 cm / ISBN 978-84-88455-54-3

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