Editorial

Los ejércitos humanitarios y la violencia sexista militar Ver más grande

Los ejércitos humanitarios y la violencia sexista militar

Colectivo Gasteizkoa

Este estudio trata de facilitar puntos de encuentro en el trabajo cotidiano de todas aquellas personas y organizaciones dispuestas a movilizarse para acabar con la terrible lacra de la violencia sexista de los ejércitos y, en particular, de los ejércitos humanitarios.

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Hace ahora cinco años, con la publicación de La abominable cara oculta de los ejércitos humanitarios, pretendíamos aportar al movimiento antimilitarista una herramienta para reforzar —sobre la base de la denuncia de hechos concretos— muchos de los argumentos teóricos con los que se cuestiona el pretendido militarismo humanitario. Al abordar ese trabajo nos percatamos de que entre los numerosos delitos y barbaridades cometidas por los soldados humanitarios había uno especialmente deleznable: la violencia de carácter sexista, y en particular, la violencia sexual, tanto por el hecho en sí como por su especial reiteración, que produce graves secuelas físicas, psíquicas y socioeconómicas así como el abandono, falta de justicia y reparación para las víctimas y supervivientes, cuando no su victimización. Al mismo tiempo observábamos cómo con cada nuevo caso de violencia sexual perpetrado por los cascos azules, las máximas autoridades de Naciones Unidas —EE.UU.— respondían con rotundas declaraciones manifestando su firme decisión de practicar una Tolerancia Cero ante este tipo de delitos. Y a pesar de ello, la aparición de nuevos y continuos casos ha sido y es la dura realidad que contradice estas palabras. (Colectivo Gasteizkoak)

Por esto consideramos que era una cuestión sobre la que era necesario volver a incidir con mayor profundidad. Para llevar a cabo este análisis hemos considerado lógico buscar la posible relación entre la violencia sexual de los cascos azules y su condición de militares, ya que la violencia sexista militar está presente allá donde existan ejércitos, sean estos de la condición que sean. Al analizar los orígenes y la dimensión de esa violencia sexista militar, además de para denunciar una terrible y a menudo silenciada realidad, hemos llegado a unas conclusiones finales sobre lo que consideramos puede ser el único modo real de acabar con la violencia sexista de los ejércitos humanitarios.

La necesidad de retomar la cuestión del papel de los ejércitos humanitarios también viene impulsada por el hecho de que desde ámbitos institucionales y militares —tanto locales como internacionales— se ha mantenido —acrecentándola incluso— una intensa campaña de impulso a esa pretendida faceta humanitaria de los ejércitos actuales, sin reparar en medios e incluso utilizando ámbitos como el sistema educativo, acompañada, además, de un hermético cierre de filas de los mass media que hace realmente difícil acercar a la población cualquier posición o argumento que cuestione esa idílica imagen con la que se pretende caracterizar a los ejércitos.

Sin embargo, y siendo conscientes de que nuestro anterior trabajo estaba dirigido principalmente al movimiento antimilitarista —por lo que introducía afirmaciones y posicionamientos rotundos que considerábamos era innecesario argumentar por ser el fruto de debates y análisis abordados desde hacía mucho tiempo en los grupos antimilitaristas—, nos ha parecido más oportuno, en esta ocasión, dirigirnos a una población más amplia y heterogénea: aquellas personas y grupos que, aún reconociendo que el concepto de ejército humanitario no termina de convencerles plenamente, tampoco consideran que los ejércitos sean incompatibles con el humanitarismo.

Para ello hemos optado por armar el contenido del libro con reflexiones exógenas y con nuevos datos que sirvan para que cada cual elabore sus propias conclusiones.

Mención especial merecen los apartados que hemos denominado Islas, que están intercalados entre los diferentes capítulos de la primera parte, y que recogen —a través de extractos de trabajos publicados— el punto de vista que sobre la cuestión que nos ocupa nos ofrecen personas sobradamente conocidas en los campos de la acción humanitaria, la docencia universitaria, el análisis político o la militancia pacifista. Nos referimos a Karlos Pérez de Armiño, Itziar Ruiz-Giménez Arrieta, Jordi Raich, Alejandro Pozo, Carlos Taibo y Francisco Rey, a quienes desde aquí pedimos excusas si consideran que con nuestra selección de extractos hemos distorsionado sus mensajes originales, pues no ha sido esa nuestra intención.

La razón de incluir estas Islas reside en la indignación y desasosiego que probablemente provoque la dureza de lo narrado en la primera parte y en la conveniencia de intercalar pequeños respiraderos que permitan recuperarse vitalmente antes de proseguir con el resto. Esperamos haber acertado.

La primera parte del libro, para evitar centrarnos en nuestras propias opiniones, utiliza como fuente principal los documentos oficiales de NN.UU., así como de otras instituciones, acompañados de noticias y artículos de opinión aparecidos en medios de difusión.

Esta primera parte es un relato cronológico de la violencia sexual cometida por los ejércitos humanitarios—nos hemos limitado a este aspecto de la violencia sexista—, de las medidas o su ausencia que se han tomado para tratar de hacerle frente, y de los resultados de todo ello.

Así, el capítulo I aborda los comienzos —en los años 60, con la primera misión humanitaria en el Congo—, la emergencia pública de los primeros grandes escándalos —Camboya y Balcanes— y cómo en los primeros años 90 comienzan a escucharse valientes voces que denuncian públicamente lo que está ocurriendo —Informe Machel—. También observaremos cómo la actitud de NN.UU. durante estos años prácticamente consiste en ignorar el problema, lo que propicia su multiplicación —Somalia, Angola, de nuevo Balcanes, Eritrea, Etiopía, Liberia, Guinea, Sierra Leona…—.
Tuvo que llegar el siglo XXI para que EE.UU. decidiera abordar la cuestión, poniendo en marcha la denominada política de Tolerancia Cero ante la violencia sexual de sus cascos azules. El capítulo II del libro se dedica a analizar la realidad de esa Tolerancia Cero.

El capítulo III, por su parte, analiza la cuestión de la mano de una de las pocas y valientes voces que han denunciado la situación en la propia ONU. Nos referimos al conocido Informe Zeid. Como las denuncias y recomendaciones del jordano Zeid o bien se han ignorado o bien se han estrellado contra los muros de la burocracia diplomática, el capítulo nos mostrará con datos cómo a pesar de estos esfuerzos, la impunidad se sigue imponiendo.

Por eso, lo que encontramos en el capítulo IV es desolador. Guiándonos cronológicamente con los documentos de la propia ONU vamos a contemplar cómo 15 años después de que emergieran las primeras denuncias públicas sobre la gravísima dimensión del abuso y la violencia sexual cometidas por los ejércitos humanitarios; a pesar de los detallados informes con que cuenta la Organización y de su pretendida Tolerancia Cero; y sobre todo, de los miles de víctimas que ya ha habido, la realidad no ha variado sustancialmente respecto a la que imperaba década y media antes: nuevos casos, connivencia e impunidad.

El análisis de lo que parece ser la actual política de EE.UU. ante el problema –lavarse las manos— es lo que aborda el capítulo V. En él se detallan las novedades introducidas tras la elección del nuevo Secretario General Ban Ki-moon y se analiza el nuevo Memorando de entendimiento entre NN.UU. y los países que aportan contingentes a las operaciones de paz —instrumento que deja en manos de los respectivos gobiernos las actuaciones e investigaciones de los delitos de sus cascos azules, aún a sabiendas de que la actitud mantenida hasta ahora por los gobiernos a este respecto ha sido la de tratar de exculpar, cuando no de encubrir o justificar, las barbaridades de sus muchachos—. En este capítulo, y haciendo una excepción —así se advierte—, hay un apartado en el que dejamos plasmados nuestros análisis particulares sobre las razones de esta nueva política de EE.UU.
El capítulo VI se centra en las víctimas y supervivientes de las violaciones, abusos y otras violencias sexuales de los ejércitos humanitarios, analizando con cierto detenimiento cuál ha sido la actitud mostrada hasta ahora por EE.UU. ante las graves situaciones que deben abordar las víctimas de los pacificadores.

Finalmente, el extenso capítulo VII va a fijar su mirada en una delicada cuestión. Así, pone al descubierto utilizando los datos de la ONU la falta de veracidad de las cifras que facilita acerca de los casos de violencia sexual cometidos por cascos azules. También los burdos y denunciables intentos que pone en práctica para maquillar esas cifras para intentar minimizar la terrible dimensión de los delitos cometidos por los ejércitos humanitarios.

La segunda parte del libro, en la dinámica ya comentada de evitar nuestras opiniones particulares, está construida principalmente con gran variedad de análisis de personas, organizaciones y colectivos, recogidos, en su gran mayoría, de trabajos ya publicados con anterioridad. Pensamos que el engarzado de estas opiniones ofrece una perspectiva plural y enriquecedora y permite hacerse una visión de conjunto de las verdaderas dimensiones del problema de la violencia sexista militar. Somos conscientes, no obstante, de que la construcción de este discurso conjunto es únicamente responsabilidad nuestra.

El capítulo VIII se centra en las relaciones entre militarismo, violencia y machismo. Analiza las violencias —oficiales y paralelas— que conviven y se entrecruzan en los cuarteles, para plantearse luego la cuestión de cómo se consigue esa socialización de la violencia en los ejércitos. Finalmente aborda las estrechas relaciones entre ejército y masculinidad.

En el noveno capítulo se analiza el origen de la violencia sexista militar, para centrarse posteriormente, en la violencia sexual dentro de los ejércitos. Se aportan datos que nos permiten comprobar que es una realidad presente en los cuarteles de la generalidad de los ejércitos y cómo ello es posible, en buena parte, gracias a la impunidad y comprensión con que es abordada la cuestión por los mandos militares y políticos. Este capítulo termina centrándose en el machismo y la violencia sexual militar tras la incorporación de mujeres a los ejércitos, deteniéndose especialmente en el debate suscitado en torno a la cuestión tras los horrores de Abu Ghraib.

La utilización de una concreta forma de violencia sexual como arma de guerra —la violación— es la cuestión que aborda el capítulo X. Se rastrea su realidad histórica para centrarse en la dimensión tan brutal que ha alcanzado en las últimas décadas, lo que probablemente se deba a que, hasta hace poco, no se habían realizado investigaciones. Más adelante se profundiza en las razones de por qué es utilizada como estrategia militar, para concluir que violencia sexual militar e impunidad se retroalimentan.

El capítulo XI se dedica a las víctimas y supervivientes de la violencia sexual de las guerras, describiendo las principales consecuencias físicas, psicológicas y socioeconómicas a las que han de enfrentarse, que en la mayoría de los casos son totalmente ignoradas o minimizadas. De igual forma se aborda la cuestión de la victimización de las víctimas, indicando que en no pocas ocasiones éste es otro de los objetivos perseguidos por la estrategia militar que las ocasiona, como forma de intentar incapacitarlas socialmente.

La segunda parte concluye con el capítulo XII, que se dedica a denunciar la impunidad y a reclamar justicia y reparación para las víctimas y supervivientes, por ser estas cuestiones tan básicas como normalmente ignoradas, y sin embargo, elementos centrales de toda iniciativa que pretenda hacer frente a la violencia sexual militar.

Finaliza el libro con el capítulo XIII, de Recopilación y conclusiones en el que, tras sintetizar lo visto sobre la violencia sexista militar y contrastarlo con lo analizado sobre los ejércitos humanitarios, planteamos nuestras conclusiones sobre cuál puede ser la vía directa para acabar con la violencia sexista de los ejércitos humanitarios. Esperamos que tras la lectura del libro se puedan compartir nuestras conclusiones.

Con este trabajo, ni se busca adoctrinar, ni que se comulgue con las ruedas de molino del análisis antimilitarista. Se pretende aportar una herramienta más para la reflexión y el debate. Análisis y debate que, una vez efectuados, pueden servir para facilitar puntos de encuentro en el trabajo cotidiano de todas aquellas personas y organizaciones dispuestas a movilizarse para acabar con la terrible lacra de la violencia sexista de los ejércitos y, en particular, de los ejércitos humanitarios. Hay mucho trabajo por hacer y este libro no es más que una pequeña contribución a ello.

Colectivo Gasteizkoak, 2008

Zapateneo Kultura Elkartea / Gasteiz, 2008 / 368 págs.; rústica; 24x17 cm / ISBN 978-84-612-5769-0

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